Rubio cierra en Perú su gira latinoamericana con un mensaje de seguridad y pulso a China

2026-09-10 15:26:29 - MUNDO

Perú, la última pieza de la gira del secretario de Estado de EE. UU. Marco Rubio llegó a Perú procedente de Ecuador, después de haber pasado previamente por Colombia, en una gira concebida para reforzar las relaciones de Washington con tres gobiernos considerados socios estratégicos de la Administración de Donald Trump.

Su visita a Lima tiene además un componente simbólico: se produce cuando Perú y Estados Unidos conmemoran 200 años de relaciones diplomáticas y apenas unas semanas después de que Keiko Fujimori asumiera la Presidencia.

El secretario de Estado se reúne por primera vez con Fujimori desde el inicio de su mandato, en un encuentro en el que ambos gobiernos buscan presentar una relación bilateral más estrecha y orientada a asuntos concretos: seguridad, defensa, comercio, inversiones, lucha contra el crimen organizado y cooperación tecnológica.

Pero detrás de esa agenda bilateral hay una cuestión de mayor alcance: el lugar que Perú quiere ocupar en la creciente disputa de influencia entre Estados Unidos y China en América Latina.

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Uno de los principales resultados políticos de la visita ya estaba anunciado antes de que Rubio aterrizara en Lima: Perú se incorporará al "Escudo de las Américas", la alianza contra el crimen organizado transnacional promovida por Trump.

La iniciativa reúne a gobiernos latinoamericanos próximos a Washington y pretende reforzar la cooperación en inteligencia, seguridad y lucha contra organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras.

Para Fujimori, la adhesión llega en un momento en el que combatir la delincuencia organizada se ha convertido en una de sus prioridades.

Perú no atraviesa una situación comparable a la de los países latinoamericanos con mayores niveles de violencia criminal, pero en los últimos años han ganado terreno organizaciones vinculadas a la minería ilegal y a redes de extorsión que amenazan a empresas y pequeños negocios.

La cooperación estadounidense puede traducirse en un mayor intercambio de información y capacidades de inteligencia y en una coordinación más estrecha entre los organismos de seguridad de ambos países.

Un ejemplo reciente de esa colaboración fue la captura en Bolivia de Jhonsson Cruz Torres, alias "Jhonsson Pulpo", señalado como líder de la banda peruana 'Los Pulpos', en un operativo que contó con apoyo del FBI y la DEA.

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Si la seguridad constituye uno de los pilares de la agenda oficial, China es el gran asunto estratégico que sobrevuela la visita.

Perú se ha convertido en uno de los países latinoamericanos donde más visible resulta la expansión económica china.

El principal símbolo es el puerto de Chancay, construido con una inversión china de unos 1.300 millones de dólares y controlado por Cosco Shipping, una empresa estatal china.

Para Beijing, Chancay es una infraestructura estratégica para ampliar sus conexiones comerciales con Suramérica. Para Washington, forma parte de un fenómeno más amplio que considera potencialmente problemático: la creciente presencia china en sectores estratégicos de las economías latinoamericanas.

Rubio dejó clara la posición estadounidense antes incluso de llegar a Lima. En una columna publicada en el diario peruano 'El Comercio', acusó a proyectos respaldados por el Partido Comunista Chino de pasar por alto los marcos legales peruanos y de plantear riesgos para la transparencia y la seguridad de los datos.

La reacción china fue inmediata. La Embajada del gigante asiático en Lima rechazó las acusaciones y defendió la legalidad y transparencia de sus inversiones. Beijing recordó además que los países latinoamericanos tienen derecho a elegir libremente a sus socios y advirtió contra la idea de considerar América Latina como el "patio trasero" de una potencia.

El intercambio verbal refleja una disputa que va mucho más allá del puerto de Chancay: Washington quiere que sus socios latinoamericanos tengan en cuenta las implicaciones estratégicas de sus vínculos económicos con la Administración de Xi Jinping, mientras China reivindica su derecho a competir por inversiones e influencia en la región.

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La aproximación entre Lima y Washington tampoco se limita a la diplomacia. Perú analiza desde hace meses la modernización de sus capacidades militares, un proceso en el que Estados Unidos ha presionado para que ese país opte por material estadounidense.

Entre las operaciones en discusión figura la posible adquisición de 12 aviones F-16 Block 70 por unos 2.000 millones de dólares, destinados a renovar la flota de combate peruana.

Los aviones estadounidenses compiten con otras alternativas internacionales, entre ellas los Rafale franceses y los Gripen suecos.

A esto se suma un proyecto de unos 3.000 millones de dólares para modernizar la base naval del Callao, la principal instalación de la Marina de Guerra peruana.

Los acuerdos de defensa son relevantes no solo por su dimensión económica. Para Washington, ampliar la interoperabilidad militar con Perú supone también fortalecer una red de socios estratégicos en América del Sur.

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El acercamiento entre ambos países ha alcanzado además un terreno mucho más nuevo: la inteligencia artificial.

Esta semana, el Gobierno de Fujimori suscribió con Estados Unidos un memorando de entendimiento que contempla la adopción de tecnología estadounidense y la conexión de proveedores de IA de Estados Unidos con los sectores público y privado peruanos.

El acuerdo tiene una lectura económica, pero también geopolítica.

El embajador estadounidense en Lima, Bernie Navarro, instó a Perú a "elegir bien" a sus socios tecnológicos y advirtió de los riesgos que, a juicio de Washington, plantea la IA desarrollada y controlada por proveedores "extrahemisféricos", una referencia implícita a China.

Así, la disputa por la influencia ya no se limita a puertos, carreteras, energía o minería. También se traslada a los datos, las infraestructuras digitales y las tecnologías que utilizarán los Estados latinoamericanos en los próximos años.

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El cierre de la gira de Rubio en Lima permite ver con mayor claridad la estrategia estadounidense.

Washington busca consolidar gobiernos latinoamericanos dispuestos a cooperar en tres grandes frentes.

El primero es la seguridad, mediante operaciones conjuntas, inteligencia y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

El segundo es la defensa, con acuerdos que acercan militarmente a los países de la región a Estados Unidos y abren oportunidades para la industria estadounidense.

Y el tercero, cada vez más importante, es la competencia con China, no solo en materia comercial sino también en infraestructuras, energía, tecnología y datos.

Perú reúne los tres elementos. Es un socio con una ubicación estratégica en el Pacífico, mantiene importantes relaciones económicas con China y, al mismo tiempo, está estrechando sus vínculos políticos, militares y tecnológicos con Washington.

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La reunión entre Rubio y Fujimori, por tanto, tiene un alcance mayor que el de una visita bilateral. La presidenta peruana ha enviado varias señales de alineamiento con la Administración Trump: desde su decisión de incorporarse al "Escudo de las Américas" hasta el acercamiento en materia de tecnología, defensa y seguridad.

Para Rubio, Perú representa, además, una oportunidad para cerrar su gira mostrando que Washington puede ofrecer a sus socios latinoamericanos una alternativa integral a la creciente presencia china: cooperación contra el crimen, equipamiento militar, inversión, tecnología y acceso al mercado estadounidense.

La cuestión será hasta qué punto Lima puede profundizar esa relación sin renunciar a sus vínculos económicos con Beijing.

Ese es, en última instancia, el mensaje que deja el viaje de Rubio: Estados Unidos no solo quiere combatir el crimen organizado en América Latina; quiere también recuperar terreno en una región en la que China ha ganado una influencia económica que Washington ya considera un desafío estratégico.

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Con EFE y medios locales

Fuente: france24.com
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